También conocido como ‘Monte dei Cocci’, el Monte Testaccio tiene una altura de 54 metros, una circunferencia de 1 km de diámetro y fue construido con más de 40 millones de fragmentos de ánforas de aceite. EL nombre proviene del latín “testacius” que significa “hecho de o similar a la loza”.

Para almacenar el aceite, las salsas o los vinos en en época romana, se usaba la terracota, un producto económico, fácil de conseguir y de moldear. Estas razones hicieron que terminara siendo la materia con la que se elaboraban las ánforas y la base para esta increíble estructura. Es así como en un suburbio residencial de Roma al sureste de la Ciudad Eterna, podemos encontrar el Monte Testaccio. Una construcción única y peculiar  que da cuenta de la influencia de España en la historia de Roma.

Monte Testaccio desde el aire

 

Pero ¿cómo es que pudo construirse una montaña con millones de restos de ánforas de aceite? ¿Cuál es su historia?

Se dice que Roma en la antigüedad no poseía un puerto reconocido como tal, sino que utilizaba cierta área del Río Tevere para desembarcar la mercancía proveniente de otros países o ciudades aledañas. Cada producto solía tener una zona particular para atracar las embarcaciones. En el caso del aceite de oliva, las salsas y el vino solían desembarcar a la altura del barrio Testaccio.

De hecho, hoy en día, es posible encontrar todavía huellas de estas embarcaciones a orillas del Río Tevere. Se trata de unas hendiduras peculiares en las rocas donde los mercaderes tenían la costumbre de anclar sus barcos. Las ánforas llegaban a este pequeño puerto, acto seguido se vaciaba su contenido y luego se rompían.  Esta operación se realizaba eran imposibles de limpiar o reciclar y demasiado pesadas para llevarlas de regreso.

 

Monte Testaccio

 

Es por ello que frente a tantos fragmentos rotos se propone la construcción de una escombrera que sin quererlo, es testimonio demostrativo del predominio de Hispania (España) en la cultura romana. Los arqueólogos han demostrado que la mayoría de las ánforas provenían de la Bética. Esta era un territorio de la Península Ibérica donde existían centros agrícolas compuestos fincas de labor para la producción de aceite de oliva, formando una red de centros productores a lo largo del territorio que hoy se conoce como Andalucía.

Contrario a lo que se cree, las excavaciones arqueológicas hechas al Monte Testaccio señalan que su construcción no fue accidental y su función no era la de un basurero. Esta estructura fue llevada a cabo siguiendo un diseño sencillo pero disciplinado. En él , se pueden establecer incluso, tres fases de la construcción: la primera entre el 74 a.C y el 149 a.C, la segunda hasta el 230 a.C y la tercera continúa siendo investigada en la actualidad.

Las ánforas de aceite del Monte Testaccio han aportado información valiosa sobre la historia de los puertos de Roma. Además, como han proporcionado una comprensión más amplia del comercio de la época entre la Península Ibérica, África del Norte y el Imperio Romano, así como de sus costumbres y tradiciones relacionadas a su dieta y estilo de vida.

Una de las personas con más conocimiento sobre este monte y sobre los secretos que encierra su interior es el profesor José Remesal Rodríguez. Aquí os dejamos un vídeo en el que nos explica con más detalle el sentido de este monte de tierra española en Roma.

 

 

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